Y hay uno… ¡un cigarrillo!
Para conocer el nombre del fotógrafo y de la fotografía, ampliar la imágen y guardar el archivo, estos datos aparecerán como el nombre de los mismos.
Tratamiento y desarrollo de ideas :
(sería genial leer comentarios al respecto, por eso lo dejo)
El personaje se encuentra frente a una crisis dada por un cambio de estilo de vida del cual no puede adaptarse y se deja estar postrado en una cama. Encuentra al cigarrillo como placer mundano, como privilegio y desea uno. Paródicamente el deseo es invocado a un Dios que permite el suicidio, denotando con esto que el cigarrillo es malo para la salud y que para él, Dios no existe.
Los cambios ocurren cuando el cigarrillo aparece “milagrosamente” y despierta en si, lo que llama una iluminación: Si bien rezó y el cigarrillo apareció, fue ese Dios quien lo permitió y lo escuchó, entonces Dios existe.
Ese cigarrillo dejó de ser algo material para ser de orden DIVINO y lo único a lo que éste podría llevar de DIVINO sería la muerte.
Dice entonces: “El último bocado, de quien padece hambre, es la fe. Luego, tiene sed de muerte.” Frese que resulta ambigua ya que puede entenderse como:
El que tiene hambre (indiferente) pierde toda fe a causa de sus pesares y una vez que ya no tiene fe, no tiene nada y desea la muerte.
O bien como:
El que tiene hambre termina por alimentarse de fe, creyendo en que sus pesares tienen una finalidad espiritual, y luego de esto desea la muerte como salvación y consagración de la vida que ha llevado.
Bien, ambos tienen significados opuestos pero al ser extremos denotan lo mismo. Tanto el fanatismo espiritual como el desarraigo del mismo, llevan al deseo de muerte en crisis existenciales, confiriéndole a ésta distintas finalidades.
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