Bigotes y colágeno con vida propia, ¡panzas con vida propia! y todas ellas miles sumergidas en el aire ácido y vomitivo que parecían respirar desde sus ombligos.
La peste se escurría entre mis pies y todo era por una mala idea.
La peste se escurría entre mis pies y todo era por una mala idea.

Hay ciertos lugares donde es mejor no meterse, especialmente en los que uno sabe que no pertenece…. Pero ya habíamos pasado por una odisea para colarnos allí, ese lugar amurallado e incognito, y no había como volver atrás sin ser atrapados, especialmente por que nuestras sandalias y morral daban indicios de que no pertenecíamos al juego.
Tengo que decirles que los ojos se me salieron de entrada cuando note que había cerdos y estos medían metros, cientos de metros. ¡Eran gigantes! Estaban acompañados por piernas femeninas del mismo tamaño y que de la cintura para arriba ¡no tenían nada!. Parecía una especie de contenedor de sangre que desbordaba y para nosotros era un aluvión rojo, hasta el mismísimo Apocalipsis pensamos.
Por el culo de estas piernas había clavadas unas mangueras que se conectaban con el campo de polo, (el lugar era algo así como un hipódromo), y había cuatro de esas por todo alrededor del campo que estaba cercado en acrílico como si fuera una pecera gigante. Teníamos que mantenernos en silencio y ocultos pero era inevitable escaparle a la carcajada provocada por semejante show, no lo podíamos creer. Si Eddie me hubiese apostado que vería todo eso, la tan descarrilada idea jamás me hubiese hecho aceptarle la apuesta y menos por 10 pesos como lo hice, por creerme segura de que no podría cruzar la “Gran Muralla de la Esquina” sin ser rebotado. De todas formas, todavía no había perdido, teníamos que volver a salir. ¡SI QUE TENIAMOS QUE SALIR DE AHI!
Para asegurarme de que Eddie no se desanimara le aposte esa vez 100 pesos extra y si era necesario iba a ir aumentando según se desenvolvieran los acontecimientos. Todo lo que allí íbamos presenciando era gracioso a medida que se volvía más morboso y sanguinario. No lo era por lo que ocurría en sí, de hecho teníamos un miedo impresionante, si no que lo era por que jamás nadie se imagino tal infierno tan cerca de casa y más me reía si me acordaba de mi mamá preocupándose por si me robaban la bicicleta en la calle. ¡Que me roben todo! ¡Lo regalo todo! ¡Antes que cruzarme con un cerdo gigante de nuevo!
Por el culo de estas piernas había clavadas unas mangueras que se conectaban con el campo de polo, (el lugar era algo así como un hipódromo), y había cuatro de esas por todo alrededor del campo que estaba cercado en acrílico como si fuera una pecera gigante. Teníamos que mantenernos en silencio y ocultos pero era inevitable escaparle a la carcajada provocada por semejante show, no lo podíamos creer. Si Eddie me hubiese apostado que vería todo eso, la tan descarrilada idea jamás me hubiese hecho aceptarle la apuesta y menos por 10 pesos como lo hice, por creerme segura de que no podría cruzar la “Gran Muralla de la Esquina” sin ser rebotado. De todas formas, todavía no había perdido, teníamos que volver a salir. ¡SI QUE TENIAMOS QUE SALIR DE AHI!
Para asegurarme de que Eddie no se desanimara le aposte esa vez 100 pesos extra y si era necesario iba a ir aumentando según se desenvolvieran los acontecimientos. Todo lo que allí íbamos presenciando era gracioso a medida que se volvía más morboso y sanguinario. No lo era por lo que ocurría en sí, de hecho teníamos un miedo impresionante, si no que lo era por que jamás nadie se imagino tal infierno tan cerca de casa y más me reía si me acordaba de mi mamá preocupándose por si me robaban la bicicleta en la calle. ¡Que me roben todo! ¡Lo regalo todo! ¡Antes que cruzarme con un cerdo gigante de nuevo!
¡Clarines! ¡Trompetas! Y diferente a los jinetes pero simbólicamente igual un grupo de humanos se alinearon en una de las "largadas", en la misma pista gigante había varias, como divididas especialmente... pararon a otro grupo en otra y otro en otra y en otra, otros.
Estaban separados como por algún tipo de categoría. Podía distinguir que en la pista "uno" eran todos hombres de entre 25 y 35 años, obesos y abúlicos. En la pista "seis" adolescentes y jóvenes de entre 18 y 28 años todos bien peinados y arreglados, con ganchos por los labios y los ojos y masticadores de abundantes chicles, un grupo de tarados.
Una voz anunciaba las pistas, pero no podíamos escuchar bien desde el rincón en el que estábamos pero lo que si vimos con claridad fue un video que se levanto en una pantalla gigante con cientos de avisos e imágenes grotescas que atacaban los ojos y los oídos y retorcían la mente.
Una vez que eso terminó, Eddie se había convertido en una fiera domada. Estaba totalmente duró mirando la pista y le caía bab de la boca, aunque es un flacucho desnutrido sabía bien que no podría jamás mantenerlo en su lugar si quería disparar o escapar... suspiré y le dí un cariñoso abrazo. Lloré por él unos segundos, no le dije que lo quería aunque tendría que haberlo hecho, pero en el estado que estaba daba igual por jamás se habría dado cuenta así que lo solte y tomé los 10 pesos de la apuesta, que ahora sí estaba convencida de que había ganado, Ed ya no era el mismo.
Me alejé unos metros y me metí por debajo de las gradas, subí lo más alto que pude y desde allí noté que todas las pistas tenían una misma unión en el centro. Todas terminaban en el mismo punto.
Una voz anunciaba las pistas, pero no podíamos escuchar bien desde el rincón en el que estábamos pero lo que si vimos con claridad fue un video que se levanto en una pantalla gigante con cientos de avisos e imágenes grotescas que atacaban los ojos y los oídos y retorcían la mente.
Una vez que eso terminó, Eddie se había convertido en una fiera domada. Estaba totalmente duró mirando la pista y le caía bab de la boca, aunque es un flacucho desnutrido sabía bien que no podría jamás mantenerlo en su lugar si quería disparar o escapar... suspiré y le dí un cariñoso abrazo. Lloré por él unos segundos, no le dije que lo quería aunque tendría que haberlo hecho, pero en el estado que estaba daba igual por jamás se habría dado cuenta así que lo solte y tomé los 10 pesos de la apuesta, que ahora sí estaba convencida de que había ganado, Ed ya no era el mismo.
Me alejé unos metros y me metí por debajo de las gradas, subí lo más alto que pude y desde allí noté que todas las pistas tenían una misma unión en el centro. Todas terminaban en el mismo punto.
Los ojos de las personas parecían vibrar, de la boca les salía un líquido blanco y espumoso, como si las imágenes les hubieran provocado una epilepsia pero que en lugar de tirarlos los mantenía estáticos y atentos, ¡rabia pura! Eddie también estaba rabioso, yo lo sabía, no era fuerte como se mostraba, la rebelión que siempre mostró contra el sistema no era más que un llamado de atención hacia esa madre ausente que lo discriminaba por haber nacido negro, como su padre y no blanco, rubio y de ojos celestes como el resto de sus hermanos que tenían genes maternos. Eddie era uno más de los tantos que querían ser bellos y que querían otras tantas cosas para no sentirse marginado.
¡Se alzan las banderas! ¡Estallan los aullidos de las fieras hambrientas de hedor!
Los colores vacilan de un lado a otro, giran en torno a las pistas, los productos bailan haciéndose perseguir por la multitud que se abalanza insaciable, endemoniada y hambrienta a atraparlos. Corren todos en la misma dirección a velocidades indescriptibles, arrancan el pellejo de sus compañeros, se aplastan las cabezas de los débiles que cayeron, desatienden a los pies que sangran y las manos que arañan y todos para llegar al final de la pista ¡el centro de universo! ¡Allí donde están todos esos jugosos y necesarios productos que les garantizan la felicidad, el bien y la belleza, la paz, la eternidad misma! y la velocidad es tal que el encuentro es indescriptible a la velocidad de la luz y por eso lo percibo en cámara lenta… el televisor desgarra el rostro de un gordo nauseabundo, el teléfono celular se clava como una estaca en el pecho de una joven indiferente, las pastillas adelgazantes se convierten en balas que rompen los cráneos de los hombres, mujeres, ancianos que caen unos enzima de otros y siguen chocando y siguen arrastrándose, recogen los pedazos… hasta la muerte.
Los cuerpos flotan en la piscina de sangre que se ha generado. Es el mundo marino con morsas reales, morsas de una secta universal. Los tubos que estaban conectados a la pista empiezan a absorber y los cerdos gigantes lo consumen chupando las conchas de las piernas largas que por el jugo sanguíneo se volvieron más culonas. Y los cerdos más gordos, más asquerosos.
El resto del público se levanto apasionado. Levantaban su ticket de apuestas y parecían vacilar sobre sus miembros. Estaban todos en tremendo éxtasis que comprendí que quizá ese era el mejor momento para irme, nadie lo notaria. Hasta que por delante mío sobre las gradas comienza a bajar una multitud de gente en avalancha, se tiraron al campo y a los cuerpos de los enfermos les sacaron todo, les chuparon la sangre y se comieron hasta el ultimo pedacito de carne, los dejaron en huesos. Las mujeres parecían engordar de boca, de senos y de culos. A los hombres les engordaban los trajes… las billeteras repletas hacían verlos cada vez más y mas obsesos. Ya no tenían lugar en donde entrara un peso más y cada huesito que chupaban… parecía igual conseguirle un espacio. Me quede inmóvil y conmovida. No sentí pena, tampoco miedo, me sentí iluminada.
Los hombres y las mujeres comenzaron a abandonar el lugar, abrazados y excitados. Me escabullí por detrás de los automóviles y pensé de que forma lo hubiera hecho Eddie, y fue ahí cuando me acorde de Eddie y una mano retorció mi pecho. No pude mirar si Eddie había salido corriendo con el resto de los peones, yo suponía que sí, pero no lo había visto… quizá todavía seguía tildado, pensé. Entonces corrí por detrás de las gradas y volví a donde estaba y lo encontré. Tirado y dormido. Sonriendo y abrazando algo con tanta fuerza no que no podía distinguir que era. Lo desperté, me cacheteó y se alejo rápidamente. Estaba poseído.
Con Eddie siempre decíamos que teníamos poderes mentales para trasmitirnos algunas cosas, como deseos o cosas graciosas, desde chicos cuando nos acordábamos de algo lo transmitíamos al otro con la mente y estábamos seguros de que donde sea que este el otro lo recibía y nos reíamos juntos. Creo que eso nos hacía sentir tan cercanos que no nos interesaba jamás asegurar de que así había pasado, era mejor reírse con alguien a la distancia que solo. Entonces utilice la misma técnica esta vez y con la mirada le dije a Eddie que le había sacado los 10 pesos del bolsillo y que si no lograba salir como habíamos apostado no se los iba a devolver. Creo que lo mire tan profundamente que pude ver hasta sus órganos, estaban sucios. Eddie apestaba por dentro pero el corazón era tan rojo como el mar de sangre que hacia instantes había podido presenciar. Eddie era puro, no merecía ser abandonado, sentí que tenía que ayudarlo y entonces le dije que si salíamos, como le había prometido 100 pesos extra, le daría no 100 pesos si no 100 dólares y todos sabemos lo que está el dólar por estos días.
Realmente no iba a hacerlo, no por chanta, pero luego de conocer el Dopadromo no iba a darle 100 dólares míos a Ed para que se comprara una nueva juguera o una maquina que me masajea los abdominales, iba a invertir esos 100 dólares que le prometí en retiros espirituales, libros de autoayuda, y quizá le pagara hasta yoga o meditación, cosas que yo no haría tampoco, pero para una persona como Ed, creo que le vendría bastante bien. Si luego de eso sigue atado al juego material, pues no impediría que jugaran con cuantas veces quieran.
Eddie se paro de su rincón y parecía volver a su naturaleza. La original naturaleza de Ed, el salvaje guerrero descendiente de indígenas latinos. Suelta el paquete que tenia abrazado (un perfume de Antonio Banderas con un dvd de cómo tener a todas las mujeres según AXE desodorante) y clava sus uñas en la tierra, mira al frente, me mira a mi con la cara desfigurada y hambrienta, en posición de ataque se me abalanza y me ¡agarra! Tan fuerte como ningún otro brazo desnutrido pudo jamás agarrarme y corre a toda velocidad conmigo sobre su hombro. Típico de mi, me entre a morir de risa.
Sacudió de un empujón a todos los que estaban saliendo y le pego tal piña a un señor que vestía con traje de seguridad que lo hice desangrarse… acto siguiente, los hombres y mujeres también se chuparon esa sangre y lo dejaron en huesitos…. Y eso fue lo último que vi… mientras Ed me cargaba en su hombro, a sus espaldas las vestías seguían devorándolo todo, dentro o fuera.
No importaba el lugar, el Dopadromo era una excusa para el juego, otro vicio clandestino, pero las bestias eran bestias las 24 horas, nada de hombres lobos ni vampiros. Dentro, fuera, donde sea que te vean sangrar… donde sea que puedan escuchar tu chillido de animal herido, estarán para ayudarte a morir, te venderán la muerte perfecta y te sacarán dinero aún cuando ya estés muerto, por no podrás irte al más allá si no te garantizas una linda lapida donde tu bello cuerpo pueda descansar y donde tu bella familia pueda ir a venerarte como el rey que has sido. ¡Claro que no! y no hay chance alguna en el mundo entero que puedas escaparle a eso.
Goza la vida, vive bien, come bien, cómpralo todo, hasta tu muerte y si no puedes comprarlo igual vive bien, goza la vida, come lo que haya y saborea cada bocado, valora todo lo que tengas y no lo que no tienes así nunca te faltará nada y no compres tu muerte por que quizá en el fondo tengas muchas suerte y la obtengas gratissssssssssssssssssssssss.
