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16 marzo, 2010

Bella Ela

Tenía la piel llena de escamas, áspera, quebradiza y como pez que era también apestaba… pero solo me di cuenta de esto cuando ...


Una noche que me encontré borracho junto al río, camine hasta el muelle donde había unos cuantos pescadores y me tire ahí a esperar que alguno sacara algo para comer. Intercambié palabra con unos y otros, pero a ninguno le generé lástima suficiente o agrado mínimo como para que me de algo de cenar.
Me invitaron a pescar a la noche siguiente ¡pero yo tenía hambre en ese momento!
Mis ojos empezaban a entrecerrarse por el sueño y por los rayos de luz que el amanecer lanzaba sobre nosotros. Los pescadores alzaron sus cañas, baldes, trapos sucios, vino en cartón y se marcharon. Colgué mis piernas al borde del muelle y atravesé mi cabeza por sobre el barandal para mirar el agua que se deslizaba calma debajo de mis pies. Inodora, incolora e insípida era el cantito que me habían enseñado en el colegio como definición de ésta y me di cuenta que jamás había visto tal agua en mi vida... La que corría libre delante de mis ojos era verde, olía a vinagre y dios espero no tener tanta sed como para conocer a que sabe. La de mi canilla era amarilla, sabía a cloro y olía a remedio para la tos. Tampoco podía decir que el agua de lluvia cumplía con esta descripción, por que siempre que llovió el agua que chorreaba por mi cuerpo tomaba los colores de las telas baratas que se desteñían con facilidad, el olor siempre era naucebundo, quizás era yo quien olía mal, claro. El agua de lluvia tenia un gusto salado… lágrimas y mocos.
Interrumpe mis meditaciones un pez rosa que flota por debajo mio. Dude de su existencia por un momento, pudiendo haber sido parte de mi resaca matutina o una fiel alucinación del deseo. Pero vuelve a pasar saltando por sobre mis rodillas… un pez hermoso, ¡brillaba! Se deslizaba con soltura por sobre las pequeñas olas de la calma marea, oh! Era como una sirena. Su cola se movía de un lado hacia el otro mezclándose con los tonos sucios del río y parecía que tenía mil colores, como alhajas ó un vestido de lentejuelas. Su fino rostro, su boca carnosa y los ojos enormes, me sedaron.
De un momento para otro desapareció. ¡Eso me volvió loco! Estaba a punto de saltar cuando un guardia del lugar se acerco y me invitó a retirarme. Ah! ¡Ese pez me corrompió el alma! Hasta logró sacarme por completo el apetito. La llame Ela, por que me recordaba a una bella ex novia la cual me dejó hace ya un tiempo por que decía que me ahogaba en un vaso de agua... pero en verdad, por un deslizamiento como el de Ela (mi ex) estaba dispuesto a tirarme en el medio del océano y zambullirme en busca de perlas solo para ella si era necesario… pero ella no lo vio así y me abandonó.
Volví a mi casa un poco angustiado pero más que nada excitado ¡que cola tenía ese pez! ¡Como se movía y como me miraba! Realmente deseaba volver al puerto, realmente deseaba verla de nuevo, ese pez era uno en un millón.
A la mañana siguiente, en cuanto me levanté, cargué todas las cosas que encontré y que podían servirme para pescar, aunque no tenía más que una caña casera, un anzuelo de tres ganchos y una pequeña red rota, me fui en bicicleta hasta el río con la ilusión de volver a verla y poder atraparla. Me encontré allí con los pesqueros del día anterior pero no reconocí a ninguno, lo cual no importaba en ese momento, por que me había dado cuenta que estos tenían mejores equipos que yo, y eso me resultaba bastante útil… así que me puse amistoso.
Colgué la caña y fije la vista en el agua. Cuando escuchaba el pique de alguno de los muchachos me alarmaba, tenía miedo que alguien más pudiera atraparla y pobre Ela sería producto comestible de alguna boca agria e insensible.
Pasaron horas y Ela no aparecía. Me entristecí tanto que pensé lo peor… la imaginaba en algún puesto barato del mercado mezclada con los tentáculos de algún otro espécimen pegajoso y fofo, aniquilada y desalmada, allí, donde nadie notaría su belleza y desvalorizándola por completo, la hundirían con los dientes en arroz y fideos… ¡Pobre Ela! La noche anterior tuve la posibilidad de salvarla y no lo hice, la dejé perderse, la abandoné a su muerte…
Abrí los parpados con fuerza, me pesaban las lágrimas en las pestañas, el viento me dejaba sin respiración y la noche no traía esperanzas… la noche siempre me dejó el rostro pálido.
Los pesqueros me animaron a abandonar el lugar, conocedores del sistema me advirtieron que ya no tendría posibilidad alguna de pescar con un clima así y menos con mi equipo. Les agradecí por su sabio consejo pero no iba a irme de allí, eso si que no.
La mañana anterior, Ela se había aparecido muy tarde (lo que sería tarde para mi madre), tan tarde que en comparación era muy temprano, tan temprano como se debe de levantar un obrero. Para mi no existía el tiempo, para mi cualquier hora estaba bien para verla, cualquier día y cualquier lugar si hubiese tenido la posibilidad de buscarla más allá de ese muelle.
Volví a posicionarme sentado en el borde, recliné mi cabeza y salpiqué con migas de pan.
Un suspiro acaricio mi nuca y me quede helado. Una mano bajo a mi entrepierna… acariciándome suave y subiendo con sus dedos hasta mi boca para jugar con ella…una cola esmeralda contorneo mi cintura, todo su cuerpo se escurrió bajando por mi torso hasta la punta de los pies para volver a entrar en el agua. Era una sirena. ¡ELA LA SIRENA!…
Me disparó miradas perversas y eróticas, hecha un animal me incitaba a saltar.
Pero no podía hacer eso, tenía que sacarla de allí más que jugar a ser Ariel y el príncipe. Tire las redes y se fundía como bronce, como oro… se escapaba. Repiqueteó por todo alrededor mío, la miré entontado… tenía una soltura tal que si la llevaban a un acuario, sola podría colmar el lugar de visitantes solo para que la vean. Por su bien y por mi bien, eso no debía de ocurrir, tenía que sacarla antes de que la expongan en alguna jaula de acrílico o bien termine siendo almuerzo en el barrio chino.
El agua se calmo y casi entro yo en decadencia (otra vez). Pensé en que si la había perdido nuevamente ¡no habría dios bondadoso que me permitiera pasar un día cargando con la culpa! pero la encontré apoyada y flotando debajo del muelle, contra uno de las maderas que lo sostenían…
(clic en play para escuchar la canción y continuar leyendo)
(recomiendo poner el volúmen al mínimo) 






 

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…Me miro con sus grandes ojos negros incandescentes, luminosos y lagrimosos por naturaleza de su habitad. Me tragué el corazón y casi me desplome en sudor.
Entendí entonces que para tener una diosa así no se necesita de ninguna red barata, solo estiré mis manos hacia ella y apenas las sumergí en el agua se enredo entre mis dedos.
¡OH! ¡Al fin! El pez más hermoso en mis manos…
Cuando reaccioné, sus escamas estaban clavadas en mi piel, perdía tanta sangre que se mantenía con vida en un río de glóbulos rojos. Deje la bicicleta en el muelle y corrí hasta mi casa, corrí y corrí… nisiquiera sé cuanto corrí pero si no lo hacía Ela iba a morir y yo también, ahora todo apestaba, sangre y escamas, ¡TODO APESTABA!
El pez se había convertido en inmundicia pura, el olor más sofocante y vomitivo que jamás había percibido (y eso que en mis malos tiempos he dormido sobre las peores cloacas de la ciudad).

Llegue a casa y me arranque el pez como pude, la tire en un balde que había en el balcón con un poco de agua estancada que dejó la lluvia y me lave también allí.
¡Maldita desgraciada! Mis manos parecían costillas de búfalo mutiladas e infectadas, podridas y carcomidas por los gusanos ¡y las moscas también tenían su festín allí!
Entre al baño y hasta mi cara se había deformado por las branquias que aspiraban el aire del lugar y devolvían su peste a mi pulmones.
Me di una ducha y sin respirar me fui a dormir… o al menos eso intenté, pero el hedor que se emanaba era tal que corrompía con la naturaleza de los sentidos y rasguñaba la piel, lograba provocarle a uno automutilarte la nariz, arrancarse los ojos.
Volví al balcón y el pez seguía ahí, echada, casi sin escamas… (Eso me recordó a mí abuela en su lecho de muerte… pidiéndome que le alcance la peluca por que no podía permitirse morir y que la vean calva). Ela estaba perdiendo las escamas, como mi abuela había perdido su cabello y todo por no prestar atención a los llamados de auxilio.
Sentí que era una oportunidad para remediar mis errores, bien Ela no reemplazaba a mi abuela en lo más mínimo y no era ni una interpretación del caso, pero bien, si podía no dejarla morir y como rápidamente recordé (por no haber estado ebrio esta vez) mis intenciones con Ela siempre fueron las mejores, de hecho, recordé lo hermosa que naturalmente era y todo lo que en mi me había provocado y como ahora, por un simple cambió inesperado la había desvalorizado.
Metí la mano en el balde podrido para llevarla a la bañadera, la cual había llenado de agua, alguitas plásticas y un acuaman que mantenía de mi infancia, cosas que tenía en casa y que de seguro a Ela le encantarían y la harían sentirse querida.
Pero en el camino la muy desgraciada volvió a morderme, a pesar de no tener dientes, clavó sus gelatinosos labios en mi ya hiriente mano y sucumbió entre la carne floja que tenía, ¡ardía! ¡ARDÍA!
La sacudí y no se soltaba, no podía sacármela de encima, la golpeé contra la boca del inodoro y la zambullí dentro. Tire la cadena, una, dos, tres veces y la endemoniada no se iba, desnutrida y moribunda emergía contracorriente para alcanzarme. Iba a tirar todo por el inodoro, ¡todo y lo único que tenía con tal de verla irse de una vez! Tome una escoba y fue cuando estiró su cabeza y la apoyó en el borde del retrete, sus ojos enormes, los ojos más hermosos y tristes que jamás nadie podrá reconocer como yo los he reconocido me pedían piedad…
Ela volvía por algo, no quería hacerme daño, de eso estaba seguro, más daño que su vida frente a mi desquicio nadie podría pasar, pero evidentemente tenía algo para darme, algo que decirme, algo por lo cual luchar e intentar llegarme.
Deje la escoba y me tiré junto al inodoro a mirarla, la rocié con agua de la canilla del lavamanos y le pregunte ¿que quería de mí… que buscaba, por que no se iba, libre y listo? Bien, si yo fuera un pez no me quedaría en la pecera de nadie, no me gustaría pertenecerle a nadie como objeto de decoración ni tampoco abastecimiento de necesidades básicas...
Volví a ver a Ela como la sirena que era en el río, saltando de lado a otro y la vi de nuevo entregarse a mis manos… la tire en mi cama y como olas que la arrastran la tapé con las sábanas.
No había nada que hacerle, Ela se alimentaba de sangre humana.
Era hermosa y perfecta y cualquiera podría servirle el cuello para que tragara día y noche, pero para que eso sucediera, tenías que sacarla del agua y solo un momento duraba el desvarío, solo un poco tardabas en salir del estado embriagador que te producía, la veías de nuevo y la veías bien, un pez escamoso, aceitoso, áspero y apestoso.
Era un pez de exposición, si hubiese aprendido a comer, jamás hubiera tenido tan drástica y dolorosa muerte.
¡Juntos podríamos haber tenido noches maravillosas! Pero no supo comportarse… fue una lástima y yo, que terrible desilusión me pegué.
Pero bien, eso pasa siempre… cuando uno se alcoholiza y se enamora… eso pasa siempre… que se saca a a un pez del mar...


Corto en prosa y fotos mías.
Música: Everithing Means Nothing To Me - Elliot Smith

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